Viernes 18 ago. 2017

Sylvia Ramírez

Lingotes de Felicidad


Sylvia Ramírez Rueda

 

Dime qué manías tienes…

Piense en su manía más vergonzante. Ubíquela. Recréela en su cabeza. Ahora piense qué le ruborizaría más: ser pillado en el clímax de la ejecución de su [deliciosa] maña o ser sorprendido con unos parlantes conectados a su cerebro que amplificaran (¡sin editar!) lo que piensa de las cosas cuando le pasan. Difícil, ¿no?.

Esta tarde oí a un chef decir (a propósito de la limpieza en la cocina), que los humanos tenemos más bacterias que células. En una analogía estrafalaria pero ilustrativa, diré que tenemos más micromañas mentales negativas que pensamientos piadosos por día. Y el problema con esas micromañas es que nos mantienen en una suerte de secuestro existencial: nos aíslan de la vida interesante que están teniendo quienes sí son cuidadosos a la hora de elegir cada pensamiento.

A mi modo de entender las cosas, las peores micromanías son: quejarse; envidiar; tenerse lástima (etiquetar todo lo que no le gusta como ‘injusto’); creer que hay que tener contentos a otros (contra esta todavía sigo luchando); ceder el control de su estabilidad emocional al prójimo (por angelical que sea) y creer que por merecer las cosas, no hay que lucharlas. Seguir manteniendo estos pequeños hábitos mentales es tan peligroso como conducir cuando ha bebido: se siente rico, quizá, pero le puede costar su vida y la de otros porque el alcohol es un anestésico y sus reflejos están adormecidos. Pues, bien, con las micromañas mentales ocurre exactamente lo mismo: le narcotizan el entendimiento y usted termina apoltronándose en una vida llena de prejuicios cómodos pero oscuros (y siempre iguales): quejas, críticas y victimizaciones a la orden del día. ¿Qué felicidad puede florecer ahí?.

Por supuesto, la salvación está en tener nuevos hábitos de pensamiento. Pero le advierto que esta es una de esas cosas que “es más fácil decir que hacer” porque exige de su parte una actitud radical. Si no se siente tan convencido, por favor, quédese como está: fracasar en esta clase de intentos sólo acabará ratificándole la poca fe que usted se puede tener y ahí sí quedaríamos en el peor de los mundos. 

Las micromañas se alojan en la mente y la mente es como un niño que ha descubierto que los berrinches funcionan. Al tiempo es cierto que ahora usted conoce la lógica del juego. Y lo bueno (lo mejor) es que esta vez (de pronto por primera vez), usted es el único gran dueño del juego: baraje las cartas con seriedad una ronda más.

 

@SylviaRcoaching

www.sylviaramirez.com.co


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