Miércoles 28 jun. 2017

Sylvia Ramírez

Lingotes de Felicidad


Sylvia Ramírez Rueda


Cuando somos predecibles, somos vulnerables

Un seductor experimentado sabe cuán valioso es detectar rápido los clichés de su presa. Entender cuáles son sus compulsiones; cómo se representa sus miedos; qué la haría sentir humillada. Y para tener acceso a estos datos no le hace falta infiltrarse en ningún archivo personal: basta girar con elegancia la conversación de modo que quien comience a hablar sea el ego de la víctima y no su alma porque el ego es predecible y lo que es predecible es vulnerable. 

Un capo del inframundo, por ejemplo, preferirá que se conozca su guarida a que se descifre la personalidad de su superhéroe: de escondite se cambia con un desplazamiento pero el culto por unos atributos que admiramos  puede no cambiar en una vida y esa es la base para que el policía aprenda a pensar como el gangster piensa. El principio de su fin. Con nosotros, los de este lado, los comunes y corrientes, el mecanismo –a escala-, funciona parecido: como el ego no tiene idea de quiénes somos ni por qué somos valiosos, va buscando reconocimiento y protección en todas partes. Por eso entablamos nuevas relaciones dejando muy en claro lo que nos gustaría encontrar y lo que por ningún motivo vamos a permitir (qué escena más conmovedora). Comenzamos las entrevistas de trabajo diciendo con sutileza lo que odiábamos de nuestro anterior jefe y nos devanamos los sesos tratando de entender qué es lo que hay que hacer para complacer a este. Y así es como la existencia se nos va entre tratar de encajar y evitar sufrir.

Optimista, como decidí ser al cambiar de vida, guardo en el corazón varias razones para creer que a pesar de que el ego es tan mañoso y nos juega malas pasadas, no tiene por qué condenarnos a vivir una vida pequeña. Aquí van tres: (i) su ego es mañoso pero su cerebro también es suyo. Úselo para cuestionar todas querer) que todo el mundo esté de acuerdo con nosotros. Dude, dude de todo, reconozca que hay cosas que no sabe y sienta la alegría expansiva de aprender algo más a cada jornada. (ii) En sus malos días, el ego (que también tiene malos días, como cualquiera), cree que todo el mundo es su enemigo pero eso tampoco es cierto. Rebobine su película y vea todas las personas que tienen gestos amables (desde un comentario lindo, pagar una cuenta, hasta hacerle un gran favor) diariamente. La vida no es un campo de batalla; es una autopista de muchos carriles. (iii) A su ego le aterra todo lo nuevo pero yo pienso (de verdad lo creo) que el dolor de estar parado en el filo, con el estómago apretado de las ganas de saltar pero sin botarse, ese dolor de pensar en lo que podría ser y no es, es mucho más grande que el de aprender una que otra leccioncita por el camino. ¿Lo siente ahora? No es que usted sea debilucho: es que los miedos nos hacen predecibles y cuando somos predecibles, somos presas fáciles.


@SylviaRcoaching



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