Miércoles 28 jun. 2017

Sylvia Ramírez

Lingotes de Felicidad


Sylvia Ramírez Rueda


Vote por usted

Cuando se reúna la junta directiva de su cerebro, no lo dude: vote por usted. Para presidente; para secretario; para decidir sobre el presupuesto; elíjase para todo. Contratar a otro para que haga de usted, por buen actor que sea, es malgastar su talento: El Elegido; el que lo va a llevar adonde sea que quede su Tierra Prometida sólo puede ser usted. Bueno, usted, acompañado de su fe (en Dios; en la Evolución; en sí mismo; en el horóscopo chino; en lo que desde su experiencia íntima se le figure más serio creer).  


Vamos con los roles. Como presidente de su proyecto usted estará encargado de asistir a los asuntos protocolarios: hacer declaraciones de amor (absténgase de enviar emisarios: quedará sin amigo y sin pareja. Por flojo); quedar en la foto cuando algo sale bien; estar junto al féretro en las exequias de sus seres más queridos; recibir las críticas y capotearlas como pueda, etc. Los actos de representación están en el resorte normal de lo que hará al ser elegido presidente. Su presidente.


Como también conviene que vote por usted a la hora de elegir al secretario de su proyecto, recuerde que, en ese sentido, le corresponderá dar cuenta de sus asuntos logísticos: adelántese a los quebrantos de salud; ponga la cita en la peluquería; busque información sobre nuevos cursos; sintonice una emisora distinta para saber en qué anda la otra gente; consiga asientos para ese espectáculo que siempre ha querido ver. Y no olvide una función importantísima del secretario: lleve al día el libro de actas. Anote, de lo que va haciendo, qué le gustó y qué no; dónde hay que volver y con quiénes es mejor no hablar más. Ah, y guárdese sus propios secretos: por eso se llama “secretario”.


Finalmente, cuando la junta deba elegir un encargado del presupuesto, vote de nuevo por usted. En muchos sentidos su libertad personal comienza con su libertad financiera. Acostúmbrese a pensar antes de gastar y no a gastar para luego pensar cómo tapar el hueco que cavó con su impulsividad. Adminístrese mejor. Asesórese bien. Delegue todo lo delegable pero, eso sí, de las decisiones que tengan el poder de determinar cómo será su vida a corto o largo plazo, entiéndase sólo usted. Llevar las riendas es una responsabilidad enorme pero, en últimas, entre el caballo y el jinete, adivine quién disfruta más. 


@SylviaRcoaching



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