Viernes 18 ago. 2017

Sylvia Ramírez

Lingotes de Felicidad


Sylvia Ramírez Rueda


Como un caracol patasarriba

De todos los formatos raros en los que se presentan las revelaciones, un caracol patas arriba (o “de cabeza” porque los caracoles no tienen patas) en el jardín de mi casa fue el top del mes. Agotada, venía de unas minivacaciones de esas de oficinista herniado en fin de semana. Como era de esperarse, la iluminación que buscaba no llegó durante el paseo sino cuando vi al caracol porque ni el descanso ni el amor ni la caridad son de provecho cuando son a la fuerza.


El caracol y yo teníamos un lío parecido: se nos puso el mundo al revés. Tanto en su caso como en el mío la pregunta no es si tenemos fuerza para dar el bote y acomodarnos porque energía tenemos mucha. El desafío de los dos estaba entender que pujar no sirve cuando la urgencia es organizarse. Tener “Calma y maña” nos funcionaría mejor a ambos, ya que la vida se parece más a un gran pastel que a una carrera de obstáculos. Y la vida, como los pasteles, hay que comérsela por pedacitos (si la intención es disfrutarla).


Mirando al caracol mientras buscaba las llaves en mi cartera, llegué a tres conclusiones que alivianaron la carga que traía: (i) A veces pasan cosas porque sí; no todo tiene que tener un sentido trascendental. A veces alguien nos miró feo porque esa persona miró feo y ya; nos dejó el avión porque nos faltó madrugar más y el humano que prometió una cosa terminó haciendo otra porque cuando la gente que está viva puede cambiar de parecer. Sí, se suponía que las cosas fueran distintas pero es inútil estancarse en lamentaciones; al contrario, recuerde que usted también escribe su historia: nada de poner dramas ni misticismos extra al guion. 


(ii) “Estar preocupado” no es lo mismo que “Ser responsable”: sí me fui de viaje pero casi no descansé porque todo el tiempo pensaba en la lista de nudos por desatar. Sentía culpa por estar tomando cafés en sitios lindos el domingo en lugar de estar diseñando el cuadro de Excel que me aconsejaron para entender mejor mi nuevo régimen tributario. Viendo al caracol entendí que hacer la matriz de los asuntos pendientes no me va a solucionar todos los males y que tomar un café a gusto no me va a complicar (más) la vida. Disfrutar cada sorbo estaba incluido en el precio. Y (iii) a diferencia del caracol (a quien rápidamente volteé al derecho), a mí nadie va a venir a enderezarme; en cambio, si me quedo rezongando, me expongo mucho a que otro venga y me diga cómo vivir mi propia vida. Como la ayuda es más linda cuando es opcional, nos irá mejor si aprendemos a voltearnos solos. Es más: ¡aprendamos hasta a dar volteretas! La aguja de la felicidad nos lo agradecerá.


@SylviaRcoaching


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