Viernes 18 ago. 2017

Sylvia Ramírez

Lingotes de Felicidad


Sylvia Ramírez Rueda


Fabrique felicidad y NO la venda


Hay días en los que uno tiene el ánimo tan abajo, tan en el suelo, que gustosamente se cambiaría por cualquiera. Y también hay días felices en los que uno siente (como el aprendiz de músico), que por fin cayó en la nota que es; que algo hizo “clic” por dentro y que logró sintonizar la frecuencia del éxito. Como jornadas de unas y de otras habrá muchas, en la medida de lo posible procure no suicidarse en los días grises ni enceguecerse de soberbia (esa soberbia tan cansoncita de la dicha) cuando todo parezca estar saliendo como quiere. Al contrario, cuando le esté yendo bien, aproveche para hacerse mejores preguntas. Por ejemplo, “¿Cómo hacer para sentirme así cuando yo disponga y no sólo cuando la vida lo permita?”.


Llevo unos ocho meses con esa pregunta dando vueltas. Lo que me ha funcionado para construir felicidad interna a mi antojo –y que puede que le sirva a usted también-, ha sido lo siguiente: en lugar de encandelillarse con la alegría de la buena noticia que recibió, haga el esfuerzo mental (espiritual, acaso) de salirse de la escena en la mejor parte. Sálgase y, como si se tratara de una película en la que usted es el director, mírese. Observe lo que siente; oiga lo que se dice en medio de la alegría. Haga ese ejercicio en función de una cosa: trate de entender qué es exactamente eso que está sintiendo y que lo tiene tan contento. ¿Seguridad?, ¿prosperidad?, ¿aceptación?, ¿claridad?, ¿estabilidad? Cuando uno entiende qué es lo que le gusta y por qué, ese mismo día, su revolución habrá comenzado.


Digamos, aunque suene empalagoso, que usted vendría siendo como una fábrica ambulante (y discreta) de felicidad. Lo será si consigue sentirse próspero por razones distintas al saldo del banco; sentirse seguro independientemente de la presencia de otro; sentirse intuitivo aunque a veces las cosas resulten al contrario. Pero el trabajo sigue: ahora que ha encontrado la materia prima de su felicidad, por caridad, ¡no la venda! No vuelva a entregarla a cambio de un cheque más jugoso ni a cambio de un alguien que le pregunte cómo amaneció por WhatsApp. Disfrute los chats; gócese el dinero extra; celebre la buena noticia que recibió pero nunca, nunca, nunca más se le ocurra creer que alguna de esas cosas es su felicidad. Su superpoder está en recordar que usted tiene derecho a elegir cómo se va a sentir… aunque afuera insistan en convencerlo de lo contrario. 


@SylviaRcoaching


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